Más allá del individuo: contexto social y salud mental desde una mirada crítica | Psicóloga en Zaragoza

Publicado el 3 de febrero de 2026, 12:21

Durante décadas, la salud mental se ha explicado desde una lógica individualista: el malestar se entiende como algo que ocurre dentro de la persona, como un fallo interno que debe corregirse. Esta mirada, además de limitada, resulta muchas veces profundamente injusta, porque desconecta el sufrimiento de las condiciones en las que se produce.

Desde mi trabajo como psicóloga con perspectiva de género en Zaragoza, parto de una premisa clara: el sufrimiento psíquico está profundamente atravesado por el contexto social, relacional y material en el que una persona vive.

Simbiosis de la células eucariotas como metáfora de la coorperación en el contexto social y su impacto en la salud mental

No hay sujeto sin entorno

La bióloga Lynn Margulis cuestionó de manera radical el paradigma neodarwinista dominante, que explicaba la evolución de la vida a partir de mutaciones aleatorias del ADN y la selección natural actuando sobre la competencia entre individuos y especies. Frente a esta visión, Margulis propuso la teoría de la endosimbiosis seriada, según la cual la vida compleja no surge por competencia, sino por procesos de cooperación íntima entre organismos distintos.

Uno de los hitos más importantes de la evolución —el origen de las células eucariotas— se produjo cuando distintos organismos microbianos comenzaron a vivir juntos, integrándose unos en otros hasta volverse inseparables. Esta idea chocó frontalmente con los pilares de la ortodoxia evolucionista de la época, que inicialmente reaccionó ignorando estas teorías y, más tarde, tratando de minimizar su alcance e implicaciones.

Margulis sostuvo estas ideas con tenacidad, defendiendo no solo el origen simbiótico de la vida compleja, sino también la importancia del mundo microbiano y de la simbiosis como fuerzas centrales de la vida y su evolución.

La simbiosis como clave para pensar lo humano

Si la vida compleja existe gracias a la cooperación, entonces resulta difícil seguir sosteniendo una concepción del ser humano como entidad aislada, autosuficiente y autónoma en sentido absoluto.

Las personas, al igual que las células, nos constituimos en relación.
Nuestra subjetividad no se desarrolla en el vacío, sino en entramados de vínculos, discursos, condiciones materiales y estructuras sociales.

Clase social, género, migración, precariedad, violencias, soledad o discriminación no son simples “factores externos”, sino elementos estructurales que configuran la experiencia psíquica, los recursos disponibles y los modos de habitar el mundo.

Desde esta mirada, no hay sujeto sin entorno, del mismo modo que no hay célula compleja sin historia de simbiosis.

El sufrimiento como respuesta a relaciones que no sostienen

Pensar el sufrimiento psíquico desde la teoría de la simbiosis permite comprender muchos síntomas no como fallos individuales, sino como respuestas a contextos relacionales desequilibrados.

Cuando las relaciones se vuelven extractivas, desiguales o violentas, el sistema entero se resiente.
La ansiedad, la tristeza o el agotamiento pueden ser señales de que el entorno exige adaptación constante sin ofrecer cuidado suficiente.

En estos casos, el problema no es la persona, sino un contexto que ha dejado de ser habitable.

Cuando adaptarse enferma

Una de las consecuencias del paradigma individualista en salud mental es la exigencia permanente de adaptación. Se espera que la persona cambie, resista o se autorregule, incluso cuando el entorno sigue produciendo malestar.

Desde una clínica ética y crítica, la pregunta no es solo cómo ayudar a la persona a adaptarse, sino si aquello a lo que se le pide adaptarse es compatible con su salud.

La intervención clínica no debería orientarse a normalizar el sufrimiento, sino a acompañar la invención de modos posibles de estar en el mundo, teniendo en cuenta los límites reales y las condiciones materiales de existencia.

Perspectiva de género y distribución del malestar

Incorporar la perspectiva de género implica reconocer que el sufrimiento psíquico no se distribuye de forma equitativa.
Las mujeres y las personas disidentes suelen sostener mayores cargas de cuidado, atravesar más situaciones de violencia estructural y enfrentarse a mandatos normativos que impactan directamente en su salud mental.

Desde esta mirada, muchos síntomas pueden leerse como efectos de relaciones desiguales, más que como déficits personales.

Nombrar el contexto no elimina la responsabilidad subjetiva; elimina la culpa.
Y al eliminar la culpa, se abre la posibilidad de pensar transformaciones reales, tanto individuales como colectivas.

Salud mental como fenómeno relacional

Si la vida, como mostró Lynn Margulis, se sostiene por procesos de simbiosis, entonces la salud mental también requiere relaciones que cuiden, contextos que sostengan y redes que no aíslen.

No hay bienestar psíquico posible en condiciones de aislamiento, precariedad o violencia sostenida.
Cuidar la salud mental es, necesariamente, cuidar los vínculos y los contextos que la hacen posible.

Desde una psicología crítica y con perspectiva de género, la clínica no se limita a escuchar al individuo, sino que escucha el lazo, el entorno y las condiciones de vida, entendiendo que el sufrimiento no nace solo de dentro, sino de la forma en que vivimos juntas.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios