Hay un momento, al final de las vacaciones, en el que algo cambia.
Quizá todavía estamos en la playa, en el pueblo o disfrutando de unos días tranquilos. Pero de pronto miramos el calendario. Septiembre se acerca. Aparece el primer día de trabajo, el comienzo del curso en el IES, la vuelta al colegio de los niños. Y con ello aparece también una sensación difícil de explicar: un nudo en el estómago, cierta tristeza, irritabilidad, insomnio o una preocupación que empieza a ocupar cada vez más espacio.
«Ya se han acabado las vacaciones».
Y entonces puede aparecer la ansiedad.
No es extraño. Durante las vacaciones hemos podido vivir de otra manera. Nos hemos levantado sin despertador, hemos tenido más tiempo, quizá hemos dejado de responder correos, de preparar clases, de correr de un sitio a otro. Durante unas semanas hemos podido olvidar, aunque sea parcialmente, las exigencias de nuestra vida cotidiana.
La vuelta no significa solamente recuperar un horario.
Significa volver a ocupar un lugar.
Volver a ser el trabajador que tiene que rendir. El profesor que tiene que estar a la altura. El alumno que tiene que aprobar y encajar. El padre o la madre que tiene que organizarlo todo. Y, muchas veces, volver a sentir que tenemos que poder con todo.
Es aquí donde resulta interesante detenerse.
Byung-Chul Han habla de una sociedad del rendimiento en la que ya no hace falta que alguien nos ordene constantemente hacer más: somos nosotros mismos quienes nos exigimos hacerlo. El descanso puede convertirse incluso en otra tarea que tenemos que hacer bien. Hay que descansar, aprovechar las vacaciones, volver con energía y empezar el curso con motivación.
Jorge Alemán ha señalado, desde el psicoanálisis, cómo el neoliberalismo produce determinadas formas de subjetividad. Lo expresa de una manera muy clara cuando afirma que «el neoliberalismo es una fábrica de subjetividad»: una forma de vida en la que podemos acabar tratándonos a nosotros mismos como una empresa que debe mejorar, evaluarse y dar resultados.
Quizá por eso septiembre pueda resultar tan angustiante.
Porque no solamente volvemos al trabajo o a las aulas. Volvemos también a las preguntas que allí nos esperan: ¿seré capaz?, ¿lo haré bien?, ¿qué pensarán de mí?, ¿estaré a la altura?, ¿podré con todo?
Y aquí aparece una cuestión fundamental para el psicoanálisis: ¿qué es exactamente lo que se espera de mí?
Y todavía más: ¿qué espero yo de mí mismo?
Desde una orientación psicoanalítica lacaniana, la ansiedad no se entiende únicamente como algo que hay que eliminar lo antes posible. La angustia puede estar señalando algo de nuestra relación con el deseo, con los otros y con esas exigencias que hemos hecho propias.
Slavoj Žižek, siguiendo a Lacan, ha mostrado precisamente algunas de las paradojas de nuestro tiempo: ya no vivimos solamente bajo el mandato de «debes», sino también bajo el imperativo de disfrutar, de realizarse, de ser feliz. Y cuando incluso la felicidad se convierte en una obligación, aquello que debería liberarnos puede convertirse en otra fuente de presión.
Por eso quizá no sea suficiente decirnos que tenemos que relajarnos, organizarnos mejor o aprender a gestionar el estrés.
Tal vez haya que escuchar qué nos está diciendo esa ansiedad.
Porque no todas las personas que sienten angustia al volver al trabajo están diciendo lo mismo. Para alguien puede aparecer el miedo a fracasar; para otro, la sensación de no poder seguir sosteniendo determinadas exigencias; para otro, el rechazo hacia un trabajo que ya no significa lo mismo. En un adolescente puede aparecer el temor a no estar a la altura académicamente o a la mirada de los compañeros.
El síntoma puede ser parecido. La historia que hay detrás es singular.
Por eso, cuando la ansiedad ante la vuelta al trabajo, al IES o al colegio se vuelve intensa o persistente, puede ser importante abrir un espacio para hablar de aquello que está ocurriendo.
Un espacio de tratamiento psicológico de la ansiedad en Zaragoza no tiene por qué consistir únicamente en aprender a soportar mejor las exigencias. Desde el psicoanálisis, se trata también de poder preguntarse por ellas, poner palabras al malestar y encontrar qué lugar ocupa ese sufrimiento en nuestra vida.
Quizá la pregunta de septiembre no sea solamente:
«¿Cómo hago para volver a la rutina sin ansiedad?»
Quizá podamos formular otra:
«¿A qué estoy volviendo?»
Y escuchar la respuesta puede cambiar la manera de volver.
Si estás buscando una psicóloga en Zaragoza y sientes que la ansiedad, la angustia o el malestar ante el trabajo o los estudios están ocupando demasiado espacio, puedes contactar conmigo para iniciar un espacio de escucha y trabajo desde una orientación psicoanalítica.
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