Día de la Psicología: ¿Aliviar el síntoma o escuchar lo que dice?

Publicado el 26 de febrero de 2026, 10:31
Imagen metafórica que representa el proceso de análisis y la búsqueda singular en un espacio de psicoanálisis en Zaragoza.

Psicóloga y psicoanalista en Zaragoza

 

El 24 de febrero, celebramos el Día de la Psicología. Una fecha que invita no solo a felicitar la profesión, sino a preguntarnos qué tipo de psicología necesita hoy nuestra época.

Vivimos en tiempos de precariedad, incertidumbre y exigencia constante. Se nos empuja a rendir, producir, mejorar y, además, estar bien. Sin embargo, nunca hubo tanta angustia.

Como psicóloga y psicoanalista en Zaragoza, mi posición clínica parte de una pregunta distinta:


¿Se trata de eliminar el síntoma lo antes posible… o de escuchar qué viene a señalar?

 

La psicología positiva y la promesa del “final feliz”

En la actualidad proliferan terapias de pauta, orientadas a objetivos concretos y resultados medibles. Muchas de ellas se inspiran en la Psicología Positiva, que propone potenciar emociones agradables, fortalecer recursos personales y entrenar el optimismo.

Buscar bienestar no es el problema.

El problema aparece cuando el sufrimiento queda reducido a un error que debe corregirse rápidamente. Cuando la terapia se convierte en un conjunto de técnicas aplicables a cualquiera, como si todos los sujetos funcionaran del mismo modo.

Pero el síntoma no es un fallo técnico.

 

Cuando la promesa de felicidad aumenta la angustia

Vivimos en una época en la que no solo se nos exige trabajar y rendir; también se nos exige estar bien. La idea de que la felicidad es alcanzable siguiendo determinadas pautas puede parecer liberadora. Sin embargo, en la clínica observamos con frecuencia su efecto secundario.

 

Cuando las técnicas no funcionan  el sujeto no solo continúa sufriendo, sino que además se siente responsable de no haber sabido aplicarlas correctamente. Se instala una nueva forma de culpa:

  • “Debería poder con esto.”

  • “Otros lo consiguen.”

  • “Si no soy feliz es porque no me esfuerzo lo suficiente.”

La felicidad se convierte así en un imperativo. Ya no es un deseo, sino una obligación.

Desde el psicoanálisis no consideramos el síntoma como algo que simplemente deba suprimirse. El síntoma cumple una función y sostiene una forma singular de satisfacción, incluso cuando esa satisfacción se vive como sufrimiento.

Si se intenta eliminar demasiado rápido sin interrogar su causa, puede desplazarse o reaparecer bajo otra forma. Porque lo que está en juego no es solo el malestar consciente, sino la implicación del sujeto en aquello que le ocurre.

La angustia en nuestra época: más desnuda que nunca

La angustia no es nueva. Filósofos como Søren Kierkegaard o Jean-Paul Sartre ya la pensaron como estructural al ser humano.

Lo que sí ha cambiado son sus “amarras”, como señaló Jacques Lacan.

Hoy los grandes ideales han perdido consistencia y el discurso dominante empuja al individualismo. Cada uno debe inventar su propio camino, sostener su propio éxito y gestionar su propio fracaso. A mayor incertidumbre, mayor angustia.

 

En el lenguaje psiquiátrico actual se habla de “ataques de pánico”. Sin embargo, el psicoanálisis distingue entre miedo y angustia.
El miedo tiene un objeto en la realidad.
La angustia señala algo real que no puede representarse del todo.

Y eso cambia completamente la dirección del tratamiento.

 

El espacio del psicoanálisis en Zaragoza

En mi consulta como psicóloga y psicoanalista en Zaragoza, no trabajamos para fijar rápidamente el sentido del síntoma ni para ofrecer interpretaciones tranquilizadoras.

Tampoco se trata de responder con un “para qué” que clausure la pregunta.

Desde una orientación lacaniana, el síntoma es lo más real que cada sujeto tiene. En él hay un resto de goce, una satisfacción paradójica. Algo que el sujeto padece, pero también algo que, de algún modo, sostiene.

El trabajo analítico apunta a:

  • No comprender demasiado rápido.

  • No moralizar el sufrimiento.

  • No imponer ideales.

  • Cernir el goce que habita en el síntoma.

  • Convocar al sujeto a sostener su responsabilidad en esa posición.

Responsabilidad no es culpa.
Es implicación.

Más allá de comprender: apuntar al goce

Freud advertía que con la angustia no se trata de buscar su sentido, sino su causa. Y Lacan irá más lejos al situarla como signo de lo real.

La angustia es la vía por la que el sujeto puede aprehender algo de su deseo y de su modo de gozar. Sin ella, nada sabríamos sobre eso.

El psicoanálisis no busca suprimir de inmediato la angustia. Busca transformarla en síntoma, para poder trabajar aquello que en ella se juega.

Desangustiar no es anestesiar.
Es permitir que algo del goce pueda ser cernido.

Solo cuando ese real ha sido bordeado, la angustia puede levantarse de otra manera.

Celebrar la Psicología es elegir una posición

En el Día de la Psicología, quiero reivindicar una práctica que no promete felicidad inmediata ni soluciones universales.

Como psicóloga y psicoanalista en Zaragoza, ofrezco un espacio donde cada sujeto pueda interrogar su síntoma, su angustia y su modo singular de desear.

 

En una época que empuja a eliminar rápidamente lo que incomoda, sostener un espacio donde la palabra tenga tiempo es, en sí mismo, un acto clínico y ético.

 

Porque no se trata de aprender a pensar en positivo.

 

Se trata de poder saber algo sobre aquello que, en cada uno, insiste.

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