De los hijos: parentalidad, deseo y subjetividad| Psicóloga infantil en Zaragoza

Publicado el 12 de febrero de 2026, 14:08
Psicóloga infantil en Zaragoza con perspectiva de género. Acompañamiento a familias desde una orientación psicoanalítica centrada en la singularidad.

Hay textos que atraviesan el tiempo porque tocan algo esencial de la experiencia humana. “De los hijos”, de Khalil Gibrán, es uno de ellos. Su lectura suele conmover especialmente cuando se es madre o padre, porque interpela una pregunta difícil: ¿qué lugar le damos a nuestros hijos e hijas en nuestra propia historia?

 

Khalil Gibrán: De los hijos

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti,
y aunque estén contigo, no te pertenecen.

Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos,
pues, ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas,
porque ellas viven en la casa de mañana,
que no puedes visitar, ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación, en tu mano de arquero
sea para la felicidad

Pues aunque Él ama la flecha que vuela,
Ama de igual modo al arco estable.

 

Khalil Gibrán: poeta, pintor, novelista y ensayista libanés nacido en Bisharri (Bsharri, Becharre), Líbano, el 6 de enero de 1883 y fallecido en Nueva York el 10 de abril de 1931.

 

No pertenencia y constitución subjetiva

Desde una orientación psicoanalítica, este texto puede leerse como una afirmación radical de la subjetividad infantil. El niño no es propiedad, ni prolongación, ni garantía narcisista de los adultos que lo crían. Es un sujeto en constitución, atravesado por su propio deseo y por una temporalidad que no coincide con la de quienes lo anteceden.

La frase “no vienen de ti, sino a través de ti” introduce una diferencia fundamental: la función parental no consiste en moldear, sino en alojar. Alojar la diferencia, incluso cuando incomoda. Alojar aquello que no coincide con lo esperado.

En la clínica con niños y niñas, esta tensión aparece con frecuencia: el malestar infantil no siempre responde a “lo que le pasa al niño”, sino a la dificultad del entorno para tolerar su singularidad.

 

Parentalidad y narcisismo

En la clínica como psicóloga infantil, observo cómo los niños pueden quedar capturados en redes de expectativas que exceden su propia experiencia. Cuando el hijo o hija es investido como objeto destinado a confirmar ideales, reparar heridas o sostener la autoestima adulta, su espacio subjetivo se estrecha.

No se trata de culpabilizar a madres o padres —la parentalidad siempre está atravesada por el deseo y por la propia historia—, sino de hacer consciente aquello que opera de manera silenciosa.

El proceso terapéutico, en este sentido, puede abrir un espacio para preguntarse:

  • ¿Qué de mi propia historia se reactiva en la relación con mi hijo o hija?

  • ¿Qué expectativas sostengo sin advertirlo?

  • ¿Qué lugar le concedo a su diferencia?

La metáfora del arco y la flecha señala una función: sostener, orientar, ofrecer consistencia. Pero no decidir el trayecto.

 

Perspectiva de género y crianza

Incorporar una perspectiva de género en la escucha clínica implica también interrogar los mandatos que pesan sobre la infancia. Las expectativas no son neutras: varían según el género asignado, el contexto social y las narrativas culturales disponibles.

Niños que deben ser fuertes.
Niñas que deben ser complacientes.

Estos ideales operan muchas veces de forma invisible, moldeando síntomas, inhibiciones o conflictos.

Una mirada clínica con perspectiva de género permite desarmar esas exigencias y favorecer que cada niño y cada niña construya su identidad sin quedar reducido a un estereotipo.

 

Sostener sin apropiarse

Quizás lo más complejo de la parentalidad sea aceptar que el hijo o la hija no viene a completar, sino a diferenciar. Que crecer implica separarse. Que educar no es producir una réplica, sino acompañar una transformación.

Desde la psicología infantil, el trabajo no apunta a fabricar sujetos “adaptados” en el sentido normativo, sino a posibilitar que cada niño pueda constituirse como sujeto de su propio deseo.

Como sugiere Gibrán, se trata de sostener el arco con estabilidad. La flecha hará su recorrido.

 

En mi consulta de psicología infantil en Zaragoza, estas cuestiones forman parte del trabajo cotidiano con familias que desean revisar su posición parental y acompañar el crecimiento de sus hijos e hijas desde el respeto a su singularidad.

 

Psicoterapia Infantil

 

 

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