REINVENTAR EL AMOR| Psicóloga en Zaragoza

Publicado el 22 de septiembre de 2026, 19:04

Reinventar el amor: cómo el patriarcado sabotea las relaciones de pareja

Mona Chollet y una mirada feminista sobre el amor, el deseo y los vínculos

¿Y si algunas de las dificultades que aparecen en nuestras relaciones de pareja no fueran únicamente “problemas de pareja”?

¿Y si parte de lo que esperamos del amor, de lo que toleramos, de aquello que deseamos o de aquello a lo que renunciamos hubiera sido aprendido mucho antes de que apareciera esa persona concreta a la que amamos?

Esta es una de las preguntas que atraviesa Reinventar el amor. Cómo el patriarcado sabotea las relaciones heterosexuales, de Mona Chollet. Un libro que resulta especialmente interesante para pensar los vínculos desde una perspectiva feminista y de género, también en el espacio de la psicoterapia.

Chollet no plantea que el amor heterosexual sea imposible ni que las relaciones de pareja estén condenadas al fracaso. Su propuesta es más incómoda: preguntarse qué hemos aprendido a llamar amor y qué efectos tienen sobre nuestros vínculos determinadas representaciones culturales de la feminidad, la masculinidad, el deseo y la pareja.

Cuando el amor parece una cuestión privada

Una de las aportaciones más interesantes del libro es desplazar ligeramente la mirada.

Cuando una relación no funciona, tendemos a pensar en términos individuales:
“no sabemos comunicarnos”,
“soy demasiado dependiente”,
“él tiene miedo al compromiso”,
“ella exige demasiado”,
“tenemos problemas de autoestima”.

A veces estas formulaciones son útiles. Pero pueden resultar insuficientes.

Porque antes de llegar a una relación concreta ya hemos recibido innumerables mensajes sobre cómo debe amar una mujer y cómo debe amar un hombre.

A las mujeres se las ha educado históricamente para cuidar, comprender, esperar, sostener, perdonar y hacer del vínculo una parte central de su identidad. A los hombres, para ocupar un lugar de mayor autonomía, iniciativa y autoridad.

Esto no significa que todas las mujeres sean de una manera y todos los hombres de otra. Significa que existen mandatos de género que atraviesan nuestras formas de relacionarnos y que pueden interiorizarse hasta el punto de parecer deseos propios.

Y ahí aparece una pregunta fundamental:

¿Cuánto de lo que hago por amor lo deseo realmente y cuánto hago porque he aprendido que eso es lo que una mujer que ama debe hacer?

El amor no ocurre fuera de la sociedad

El amor suele imaginarse como el territorio de lo íntimo: dos personas que se encuentran, se desean y construyen una historia propia.

Pero el amor también está atravesado por la cultura.

Las películas, las novelas, las canciones, la publicidad, las redes sociales y las propias historias familiares han construido determinadas imágenes de la pareja ideal. Chollet analiza precisamente cómo estas representaciones pueden transmitir relaciones asimétricas en las que la mujer aparece asociada a la entrega y el hombre a una posición de mayor poder o autonomía.

Por eso, cuando hablamos de pareja, no hablamos solamente de dos personas.

También están presentes las ideas que cada una ha construido sobre:

  • qué significa ser una buena pareja;

  • cuánto hay que ceder por amor;

  • quién cuida y quién es cuidado;

  • quién sostiene emocionalmente la relación;

  • quién tiene derecho al deseo;

  • qué lugar ocupa la sexualidad;

  • qué significa ser deseable;

  • qué esperamos de un hombre y de una mujer;

  • cuánto espacio puede tener cada uno fuera de la pareja.

Y muchas veces estas cuestiones permanecen invisibles hasta que empiezan a producir sufrimiento.

“Hacerme pequeña para que el amor funcione”

Hay una idea especialmente sugerente en el planteamiento de Chollet: la relación entre amor y disminución de una misma.

En determinadas formas de socialización femenina aparece la idea de que para ser querida hay que ser suficientemente comprensiva, disponible, atractiva, flexible y poco exigente.

No ocupar demasiado espacio.

No resultar demasiado ambiciosa.

No ser demasiado independiente.

No pedir demasiado.

No incomodar.

No enfadarse demasiado.

No desear demasiado.

No ser “demasiado”.

El problema es que aquello que inicialmente puede parecer una estrategia para conservar el vínculo puede terminar convirtiéndose en una pérdida progresiva de sí misma.

Y entonces aparece una paradoja:

¿Puede una relación sostenerse cuando para conservarla una de las personas tiene que ir desapareciendo?

La desigualdad también puede aparecer en lo cotidiano

Cuando hablamos de patriarcado y relaciones de pareja, podemos pensar inmediatamente en situaciones extremas de violencia.

Pero Chollet invita también a mirar los pequeños desequilibrios cotidianos: las expectativas diferentes, la distribución de los cuidados, la centralidad que ocupa el trabajo de uno frente al del otro, quién organiza la vida familiar, quién recuerda las necesidades de los demás, quién adapta sus horarios o quién siente que debe hacerse cargo del bienestar emocional de la relación.

No todas estas situaciones constituyen violencia.

Pero sí pueden formar parte de una organización desigual del vínculo.

Y precisamente por ser cotidianas pueden resultar difíciles de identificar.

¿Y qué ocurre con el deseo?

La sexualidad es otro de los terrenos que Chollet pone bajo la lupa.

También aquí podemos preguntarnos si nuestro deseo está verdaderamente autorizado a existir o si ha sido moldeado por determinados imaginarios.

Durante mucho tiempo, la sexualidad femenina ha estado rodeada de contradicciones: se espera que una mujer sea deseable, pero no demasiado sexual; que disfrute, pero sin parecer “excesiva”; que complazca, pero que no demande demasiado.

De este modo, una mujer puede llegar a preguntarse no tanto “¿qué deseo?”, sino:

“¿Qué debería desear para ser deseada?”

Son preguntas diferentes.

Y poder diferenciarlas puede abrir un espacio de libertad.

Desde la psicología: no todo malestar es un problema individual

Como psicóloga feminista y psicóloga con perspectiva de género en Zaragoza, considero especialmente importante esta distinción.

Trabajar desde una perspectiva de género no significa explicar cualquier sufrimiento de una mujer exclusivamente por el patriarcado. Tampoco significa convertir las relaciones entre hombres y mujeres en una oposición simplista.

Significa poder incorporar otra dimensión a la escucha:

¿Qué lugar ocupa el género en aquello que le está ocurriendo a esta persona?

Porque una mujer puede acudir a terapia diciendo:

“Soy demasiado exigente”.

Y quizá podamos preguntarnos qué significa para ella “exigir demasiado”.

Puede decir:

“No sé estar sola”.

Y podemos explorar qué lugar ha ocupado históricamente la pareja en su vida y qué significa para ella estar sola.

Puede decir:

“Siempre termino cuidando yo de todo”.

Y quizá sea necesario escuchar no solamente por qué lo hace, sino también qué ha aprendido que significa cuidar, pedir, necesitar y ser una buena mujer.

Del mismo modo, un hombre puede encontrarse atrapado en un modelo de masculinidad que le dificulta expresar vulnerabilidad, pedir ayuda, reconocer dependencia o construir una relación en la que el cuidado no recaiga silenciosamente sobre la otra persona.

La perspectiva de género, en este sentido, no es una etiqueta que se coloca sobre la persona.

Es una herramienta para ampliar la escucha.

Reinventar el amor no significa dejar de amar

Quizá la propuesta más interesante de Chollet no sea abandonar el amor, sino precisamente hacerlo habitable de otra manera.

Un amor donde la pareja no implique renunciar a la propia autonomía.

Donde cuidar no signifique desaparecer.

Donde necesitar al otro no implique depender completamente de él.

Donde la independencia no sea una amenaza.

Donde el deseo pueda ser preguntado y no supuesto.

Donde las diferencias no se conviertan automáticamente en jerarquías.

Y donde dos personas puedan estar juntas sin que una tenga que ocupar una posición subordinada para que la relación funcione.

Reinventar el amor puede significar, entonces, reinventar las condiciones desde las que nos encontramos.

No se trata de construir una pareja perfecta.

Se trata de poder preguntarnos qué tipo de vínculo queremos construir y qué formas de desigualdad, renuncia o sufrimiento hemos aprendido a considerar normales.

Una pregunta para terminar

Quizá una de las preguntas que podemos llevarnos de la lectura de Mona Chollet sea esta:

Cuando amo, ¿puedo seguir siendo quien soy?

Y quizá haya otra todavía más difícil:

¿Quién soy cuando dejo de hacer aquello que aprendí que debía hacer para ser amada?

Estas preguntas pueden abrir un trabajo psicológico sobre el deseo, los límites, la autonomía, la dependencia, la sexualidad y las formas en que hemos aprendido a relacionarnos.

Porque una relación no se reinventa únicamente cambiando de pareja.

A veces comienza por poder mirar de otra manera aquello que hasta entonces habíamos llamado amor.

Sobre mí

Soy Samar Ahmad Jimeno, psicóloga en Zaragoza, y trabajo desde una orientación psicológica que incorpora una perspectiva feminista y de género, atendiendo a la singularidad de cada persona y a la forma particular en que construye sus vínculos, sus deseos y su malestar.

Trabajo, entre otras cuestiones, con dificultades en las relaciones de pareja, dependencia emocional, conflictos afectivos, autoestima, sexualidad y procesos de separación.

Si estás atravesando un momento de dificultad en una relación o quieres comprender mejor qué está ocurriendo en tus vínculos, puedes solicitar una primera consulta de psicología en Zaragoza. 

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios