El malestar contemporáneo y la fragilidad de los vínculos| Psicóloga Zaragoza

Publicado el 10 de junio de 2026, 14:09
Psicóloga y psicoanalista en Zaragoza con perspectiva de género

Existe una forma de sufrimiento contemporáneo que no siempre logra nombrarse.

Aparece como cansancio psíquico, irritabilidad, aislamiento, sensación de fracaso o imposibilidad de sostener vínculos duraderos. Muchas veces no adopta la forma clásica del síntoma neurótico; se presenta más bien como vacío, desorientación o dificultad para construir sentido.

Freud ya había anticipado algo de esto en El malestar en la cultura. La vida colectiva exige renuncias pulsionales inevitables, y toda civilización se sostiene sobre un conflicto irreductible entre deseo y norma.

Sin embargo, el neoliberalismo produjo una mutación significativa de ese conflicto.

Byung-Chul Han ha señalado que la sociedad disciplinaria dio paso a una sociedad del rendimiento. Ya no predominan únicamente las prohibiciones externas; ahora el sujeto queda capturado por un mandato constante de optimización.

Debes producir.

Debes disfrutar.

Debes convertirte en la mejor versión de ti mismo.

El fracaso deja entonces de experimentarse como efecto de condiciones históricas o sociales y se vive como culpa individual.

Desde el psicoanálisis, esto puede pensarse como una transformación del superyó contemporáneo. Ya no se trata simplemente de una instancia que prohíbe, sino de una voz que exige goce ilimitado.

Cuanto más imposible resulta satisfacer ese imperativo, mayor es el sentimiento de insuficiencia.

Las redes sociales intensifican este proceso. La exposición permanente a imágenes de éxito, plenitud y reconocimiento produce una comparación constante con el otro. El semejante deja de ser compañero simbólico para convertirse en rival especular.

Lacan observó tempranamente que la agresividad se articula precisamente en ese campo narcisista.

El problema no es que exista agresividad; el problema aparece cuando las estructuras simbólicas capaces de tramitarla se debilitan.

El texto Agresividad y violencia desde una perspectiva psicoanalítica plantea una distinción fundamental entre agresividad y violencia. La agresividad pertenece a la constitución subjetiva; la violencia emerge socialmente cuando fracasan los lazos simbólicos y el malestar colectivo se intensifica.

En ese contexto proliferan fenómenos contemporáneos como:

  • la polarización afectiva,
  • el odio digital,
  • la intolerancia,
  • la imposibilidad de sostener la diferencia,
  • la fragilidad vincular,
  • y las nuevas formas de segregación.

La época actual parece producir sujetos simultáneamente hiperconectados y profundamente solos.

La precarización no es únicamente económica. También es afectiva.

Muchos síntomas contemporáneos expresan precisamente la dificultad para construir espacios de reconocimiento no mediados exclusivamente por la lógica mercantil.

Por eso la clínica psicológica no puede desentenderse completamente de las condiciones culturales en las que emerge el sufrimiento.

No se trata de sociologizar el síntoma ni de reducir la subjetividad a factores históricos. Se trata de comprender que el malestar psíquico siempre aparece articulado con un determinado orden simbólico.

El sujeto contemporáneo está cada vez más expuesto a la exigencia de producir una identidad exitosa, coherente y permanentemente visible.

Quizá por eso muchas personas llegan hoy a consulta no solo preguntándose por qué sufren, sino también quiénes son fuera de las imágenes que aprendieron a sostener.

 

Psicóloga psicoanalista con perspectiva de género en Zaragoza

Como psicóloga y psicoanalista en Zaragoza, trabajo desde una perspectiva que intenta situar el sufrimiento psíquico más allá de una lectura puramente individual o adaptativa.

Muchas formas actuales de ansiedad, vacío o agotamiento emocional no pueden comprenderse completamente sin pensar las condiciones culturales que organizan nuestra manera de vincularnos, desear y construir identidad.

La clínica psicoanalítica y la perspectiva de género permiten abrir preguntas allí donde el malestar aparece vivido únicamente como fracaso personal.

A veces, comenzar un proceso terapéutico implica precisamente encontrar un espacio donde poder pensar aquello que en otros lugares solo exige rendimiento, rapidez o productividad emocional.

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